Exploramos una de las últimas casillas de peones camineros

Hace ya casi siete décadas existía una figura muy curiosa en España que recibía el nombre de peón caminero. Este capataz, responsable del mantenimiento de un tramo de carretera, vivía en lo que hoy se conoce como las casillas de los peones camineros. En esta ocasión, Periodismo Del Más Allá y HollyJordi nos adentramos en una de las pocas infraestructuras de este tipo que aún quedan en pie en la comarca de l’Horta Valenciana, en la Comunidad Valenciana. En concreto, en la de Picassent. En este reportaje exploramos la historia de estos hogares y cómo eran por dentro, además de nuestra habitual investigación paranormal en la que, adelanto, obtuvimos algunas evidencias insólitas. ¡Vamos a ello!

¿Quiénes eran los peones camineros y a qué se dedicaban?

Aunque el cuerpo de peones camineros fue creado en 1759, lo cierto es que su función no adquirió una importancia real hasta el siglo XIX, cuando el tráfico de la red de carreteras del Estado aumentó considerablemente y, por ende, el desgaste de las calzadas. En concreto, debemos remontarnos al reinado de Isabel II, momento en el cual el Ministerio de Fomento asumió la necesidad de mejorar y mantener la red de caminos. La base parte con la Ley de Travesía en 1849, un documento que promulgaba las normas sobre cómo se debían conformar las poblaciones atravesadas por carreteras, así como las travesías de las mismas, y la distancia anterior y posterior que los municipios debían mantener. A partir de ese momento, surgió también la necesidad de crear unos hogares para las personas que se dedicaban a la labor diaria de mantenimiento de la red de caminos (en aquel entonces, hechos con zahorra o adoquinados). Es por ello que en 1852 Isabel II refrendaba la orden de la creación de casillas de peones camineros (Real Decreto de 25 de junio de 1852), unas moradas sencillas destinadas a cumplir su función esencial siendo lo más económicas posibles. De igual manera, en 1905 se reglamentó la labor específica de los peones camineros con el Reglamento para la Organización y Servicio de los peones camineros y capataces.

Ahora bien, exactamente ¿Cuál era su función y por qué necesitaban este tipo de viviendas? Las casillas de peones camineros tenían como función principal albergar a uno o dos camineros junto a sus familias, además de servir de espacio para el almacenaje de las herramientas y de los materiales necesarios para garantizar el mantenimiento del tramo asignado. Es importante aclarar que ley fijaba un tramo específico a conservar y mantener, lo que a nivel estatal se fijaba en una legua (5,572 metros) en España. Ahora bien, a la hora de la verdad, y en función de la zona, el tramo podía variar. En la comarca de Valencia, esta oscilaba entre los 3 y los 10 km. Por lo tanto, cada peón tenía asignado el trabajo de conservación en buenas condiciones de dicho tramo y ello incluía varias funciones, las más destacadas eran:

  • Reposición de baches.
  • Sesgado de las malas hierbas.
  • Limpieza de las cunetas.
  • Limpieza de los pasos de agua.

En definitiva, los peones camineros tenían la función de evitar que pequeños desperfectos acabaran con obras de mayor envergadura y su función fue útil hasta los años 60, aproximadamente, momento en cual pasaron a trabajar en brigadas y fueron trasladados (junto a sus familias) a diferentes bloques de viviendas. Es por este motivo por el cual las casillas en cuestión quedaron abandonadas.

El estado y conservación de la casilla de peones camineros de Picassent

Actualmente los principales administradores de las casillas de peones camineros en la zona son el Área de Conservación de Carreteras de Conselleria de Infraestructuras, el Servicio de Conservación del Área de Carreteras de la Diputación de Valencia y el Servicio de Conservación y Explotación de Carreteras del Ministerio de Fomento, aunque la finca en cuestión se encuentra en estado de abandono (todo y que consta como vivienda protegida según el Plan General de Ordenación Urbana, PGOU, de Picassent de 1999). En ella podemos encontrar claros signos de vandalización, como grafitis y daños intencionados en su estructura, además de los ocasionados por el paso del tiempo (e incluso señales de haber sido ocupada por indigentes recientemente). Y es que esta casilla data del año 1950, lo cual implica que lleva en pie más de 70 años y probablemente la mayor parte del tiempo estuvo abandonada, ya que en la década de los 60 –como indicaba más arriba– los peones camineros fueron reubicados en nuevas viviendas.

La finca en cuestión tiene una superficie total construida de 360 metros cuadrados, de los cuales 240 estaban destinados a su función como almacén y 120 a la vivienda. Esta parcela, sin división horizontal, responde a un modelo tipológico muy definido, vinculado a la red de infraestructuras viarias de finales del siglo XIX. Se trata de un edificio de planta cuadrada desarrollado en planta baja y cámara, y con un esquema espacial que distingue claramente dos ámbitos: un cuerpo delantero de planta rectangular destinado a la vivienda —el que fue ocupado por el peón caminero y su familia— y un patio posterior, parcialmente cubierto mediante vertientes inclinadas hacia el interior, que funcionaba como espacio auxiliar de trabajo y almacenamiento. En su lado sur se adosan dos construcciones de principios del siglo XX, de carácter secundario.

La construcción exterior está ejecutada en sillería de piedra rejuntada, con muros de considerable espesor y acabado apiconado. La fachada principal presenta una composición rigurosamente simétrica, con vanos rematados mayoritariamente por arcos rebajados y ausencia casi total de ornamento, rasgos propios del clasicismo académico aplicado a la arquitectura de ingeniería. Las esquinas y el recercado de los huecos, por otro lado, incorporan ladrillo dentado, material que también aparece en los aleros —con disposición de canets en el frontal—. En el interior de la vivienda, aunque en muy mal estado, podemos ver que aún conserva ejemplos de las técnicas tradicionales comarcales, como el forjado de viguetas de madera y revoltón, escalera de bóveda tabicada y una cubierta de teja árabe, coronada por dos chimeneas en los extremos.

Además, vemos restos de reformas y lo que fue la instalación eléctrica, lo que evidencia su ocupación en la segunda mitad del siglo XX. Por supuesto, sobre la sillería de la fachada se conserva la inscripción identificativa “Peones camineros”, el elemento más distintivo de este tipo de construcciones.

El resultado de la investigación paranormal

Obtener evidencias paranormales no es una tarea sencilla, ya que a día de hoy todavía no disponemos de la tecnología necesaria que nos permite obtener pruebas de forma contundente y definitiva. Ahora bien, como siempre, aprovechamos los medios que tenemos a nuestra disposición para tratar de obtener resultados. En este caso en concreto, antes de comenzar, documentamos el estado del lugar y preparamos el equipo técnico: grabadora digital Tascam para obtener psicofonías, detector de campos electromagnéticosSpirit Boxlinternas y cámaras de apoyo.

Una vez dentro, tras descartar inicialmente la presencia física de terceros, iniciamos una sesión de preguntas en un espacio cercano a la salida (por seguridad, ya que la vivienda parecía habitada por personas de este plano, no presentes en el momento). Comenzamos con psicofonías directas, formulando cuestiones claras: si había alguien allí, si podía decir su nombre o manifestarse mediante alguno de los dispositivos. Sin embargo, durante esta fase no obtuvimos respuestas audibles ni alteraciones destacables en el medidor (este detector electromagnético cambia de color ante variaciones significativas). Ahora bien, la sorpresa vino en el momento de utilizar la Spirit Box. En medio del barrido de frecuencias de radio logramos registrar varios fragmentos que parecían articular respuestas coherentes con nuestras preguntas. Ante “¿Cuántos años tienes?”, interpretamos con claridad la palabra “diez”. Posteriormente se percibieron términos como “ocho” o quizá “once”, lo que nos hizo barajar la hipótesis de una posible entidad infantil.

Las ondas también nos devolvieron señales audibles que parecían mencionar nuestro nombre, incluso un saludo espectral. Y aunque las respuestas fueron breves y entrecortadas, constituyeron un indicio de supuesta evidencia paranormal. Lo más sorprendente, me atrevería a decir, fue la última respuesta, la que nos instigó a abandonar la investigación en la que escuchamos una voz clara y molesta preguntándonos directamente: “¿Van a parar?”. Ahora bien, como siempre, lo dejamos a tu criterio; y para que puedas sacar tus propias conclusiones, además de ver el interior de la vivienda, échale un vistazo a este vídeo de HollyJordi, a continuación.

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