¿Te imaginas que los fantasmas se pudieran crear? El tema del Más Allá ha despertado gran curiosidad a lo largo de la historia, tanto para quienes buscan demostrar su existencia como para los que pretenden desacreditarla. Y en este sentido, cobra fuerza los términos de tulpa y egregores, que pueden explicar y desmentir a partes iguales la existencia de los espíritus. A continuación, te explicamos todo lo que debes saber sobre ellos y vemos varios ejemplos reales que responden a la definición de egregor. ¡Vamos a ello!
Egregor: ¿Qué es esta entidad psíquica?
En el ámbito de lo esotérico y la psicología, el concepto de egregor ha generado interés desde hace siglos. Un egregor se corresponde con una entidad psíquica colectiva, formada y sostenida por la energía mental y emocional de un grupo de personas que comparten creencias, ideas o intenciones comunes. Estas entidades no son físicas, pero poseen un grado de autonomía relativo, actuando como amplificadores de la voluntad colectiva de quienes las crean. El término tiene raíces en la tradición occidental y se popularizó a través de estudios ocultistas y esotéricos del siglo XIX y XX. Su fuerza proviene de la concentración de pensamientos, emociones y rituales dirigidos hacia un objetivo común. De este modo, un egregor puede “alimentarse” del compromiso y la energía psíquica del grupo, desarrollando patrones de comportamiento que pueden influir en sus miembros o incluso cobra autonomía propia.
En otras palabras, un egregor no es una simple idea compartida, es una entidad psíquica colectiva o forma-pensamiento que surge de las creencias, pensamientos y emociones compartidas por un grupo de personas, adquiriendo una especie de “vida propia” y capacidad de influir en sus creadores, como una fuerza energética que se nutre de la atención y energía del grupo. Deriva del griego “egrégoroi”, que significa “vigilantes” o “despiertos”, y puede manifestarse en organizaciones, ideologías, religiones o incluso marcas, volviéndose más fuerte con el tiempo y el número de miembros.
Así pues, la influencia de un egregor se percibe en la cohesión del grupo, la motivación colectiva y, en algunos casos, en fenómenos de percepción extrasensorial experimentados por sus miembros. El egregor (significado) radica, por tanto, en su capacidad de existir gracias a la mente humana, pero con una autonomía suficiente para moldear la realidad psíquica de quienes lo alimentan. Esta característica lo distingue de otras entidades imaginarias individuales, como las tulpas, aunque ambos conceptos comparten raíces en la creación consciente de formas de pensamiento.
¿Qué es una tulpa? Significado y datos

El concepto de tulpa proviene de tradiciones tibetanas, donde se definía como un ser creado por la concentración y disciplina mental de un practicante espiritual. A diferencia del egregor, una tulpa se genera de manera individual y es concebida como un compañero psíquico, dotado de personalidad, intenciones y cierta autonomía dentro del espacio mental de quien la crea. Es decir, como si fuera un “amigo imaginario”. En términos modernos, hablar de tulpa, qué es y cómo actúa implica entender que se trata de una proyección consciente de la mente, que puede interactuar con su creador, responder preguntas, influir en emociones y, en algunos casos, generar fenómenos perceptibles por terceros. La creación de una tulpa requiere dedicación, visualización y diálogo interno constante, lo que la diferencia de otras construcciones mentales pasajeras o de los egregores colectivos.
Decenas de experimentos psicológicos y relatos de practicantes han documentado que una tulpa puede desarrollarse hasta alcanzar un grado de independencia sorprendente, llegando incluso a “tomar decisiones” dentro de su entorno mental. Este fenómeno ha despertado interés en la investigación parapsicológica y en comunidades de estudio contemporáneas, donde se analiza la frontera entre mente, conciencia y percepción de la realidad. En términos prácticos, preguntarse qué es un tulpa es acercarse a una forma de vida psíquica creada por la mente humana, que vive dentro de la percepción de su creador, pero con capacidad de actuar y responder como entidad propia.
Diferencia tulpa y egregor
Aunque ambos términos —egregor y tulpa— se refieren a entidades psíquicas creadas por la mente humana, existen diferencias fundamentales:
- Origen colectivo vs individual: Un egregor surge de un grupo de personas y se alimenta de su energía conjunta. Una tulpa es producto de la concentración y disciplina de un individuo.
- Autonomía relativa: Los egregores suelen influir en patrones de pensamiento colectivos, mientras que las tulpas interactúan en el plano íntimo y personal de su creador.
- Manifestación y propósito: Los egregores pueden reflejar ideologías, movimientos o emociones compartidas, funcionando como amplificadores de voluntad colectiva. Las tulpas, en cambio, son compañeros psíquicos diseñados para interactuar y acompañar en procesos personales.
- Duración y permanencia: Un egregor puede persistir mientras exista la conciencia colectiva que lo sustenta. Una tulpa depende de la atención y práctica constante de su creador, aunque también puede alcanzar independencia sorprendente dentro de la mente.
En resumen, la diferencia clave entre tulpa vs egregor radica en su origen y en el tipo de influencia que ejercen: los egregores moldean la realidad psíquica de grupos, mientras que las tulpas habitan la mente de individuos, interactuando con ellos de manera más íntima.
Tulpas y egregores: el experimento Phillip, un fantasma creado por la ciencia

Uno de los experimentos más documentados en la investigación moderna de tulpas y egregores es el denominado “Experimento Phillip”, desarrollado por el doctor Alan Robert George Owen durante la década de 1970 en Toronto (Canadá). El objetivo del estudio era demostrar la inexistencia de los fantasmas mediante el efecto tulpa y egregor a través de la percepción de los miembros del experimento.
En el experimento se pidió al equipo que pensara en un sujeto identificado como Phillip Aylesford. El equipo fue instruido para generar un egregor a través de técnicas de meditación y visualización con una historia perfectamente detallada de este personaje (incluyendo nombre, personalidad, relación amorosa, hábitos de interacción, historia y mucho más). También introdujeron múltiples contradicciones y errores a propósito. De hecho, se lo tomaron tan en serio que hasta viajaron a Inglaterra para conocer los lugares reales donde había habitado. En su historia, destacaron algunos matices como el año de nacimiento de Phillip, en 1624, y cómo siendo un adolescente comenzó una temprana carrera militar que lo llevó a ser nombrado caballero a la edad de dieciséis años. También indicaron que participó en la Guerra Civil Inglesa (1642-1651) entre monárquicos y parlamentarios; o que estaba infelizmente casado con Dorotea, la hija de un noble a la que le fue infiel con una gitana llamada Margo. Sin embargo, tras el descubrimiento por parte de Dorotea, el romance de Phillip fue acusado de brujería, lo que hizo que la sentenciaran. Ello lo llevó a quitarse la vida, abatido por la tristeza y por haber sido incapaz de defenderla.
Con todos estos datos y más información, el equipo continuó con el experimento llevando a cabo una sesión de espiritismo para contactar con la entidad, reportando interacciones detalladas con dicho egregor. Describieron golpes en la mesa que respondían a las preguntas (un golpe para sí, dos para no), inclinaciones de la mesa, luces que se apagaban y se encendían u objetos que se movían solos, entre otras. En definitiva, los investigadores lograron un hallazgo significativo: la existencia e independencia relativa del egregor, lo que demuestra la complejidad de las interacciones psíquicas y cómo es posible crear un fantasma ficticio con la mente.
¿La muñeca Annabelle es un egregor?
Otro posible ejemplo de los egregores es el caso de la popular muñeca Annabelle. Recientemente el nieto de Ed y Lorrain Warren, Chris MckInnell, afirmaba en una entrevista que para él, en base a su experiencia como miembro del legado de los Warren, Annabelle sería un ejemplo de egregor creado por la mente colectiva de todos aquellos que han estado en contacto con ella. No negando así los efectos y estragos que ha ocasionado dicho ser a lo largo de su historia.



