¿Qué son los dígitos o maestros? Los huéspedes de nuestro cuerpo

¿Qué pasaría si las personas fuéramos controladas por unas entidades superiores a nosotros? ¿Y si carecemos de una autonomía real de nuestro cuerpo, pero no somos conscientes de ello? Los dígitos, también conocidos como maestros, son supuestos seres extracorpóreos que habitarían en nuestro cuerpo llevándonos a hacer cosas de manera inconsciente y con fines aún desconocidos.

No se habla de ellos en los textos sagrados y tampoco existen muchas referencias a estos en internet, así como en hemerotecas o en bibliotecas, pero su existencia da a entender que provienen de otro planeta y que, perfectamente, podrían compararse con los grises. Al parecer, estos seres parasitarían nuestro cuerpo y lo controlarían a su antojo, pero sin dejar rastro de ello. Más bien, a modo de experimento. Un experimento que podría ser mucho mayor que un simple control individual, es decir, que los seres humanos hubiéramos sido creados para que experimentaran con nosotros y el planeta Tierra fuera nuestro medio de cultivo. Los dígitos conviven con el alma del ser humano, pero en lugares distintos, puesto que no entran en conflicto con el control del cuerpo. Estos seres no pueden ser vistos, ni se conoce la existencia de ellos, pero habitan en el cuerpo y lo controlan a su antojo desde el momento en el que nacemos –al menos, según las comunicaciones que se establecen con algunos de ellos de manera muy ocasional–.

Los dígitos, al igual que ocurre con las supuestas entidades del Más Allá, podrían darnos señales de vez en cuando sobre su existencia –algunas más claras que otras–. Las comunicaciones suelen darse en sueños, momento en el cual el subconsciente se activa y da paso a los contactos de manera desinhibida. Por lo general, estos seres suelen adoptar formas de personas conocidas y vinculadas a almas puras, como puede ser la de un niño pequeño. Su mensaje no es claro del todo o, al menos, no es fácil de entender. El fin de estas comunicaciones suele ser informar de su existencia, aunque se desconoce el motivo exacto. Quizá, para que el ser humano pueda tomar una mayor consciencia sobre su cuerpo… O, tal vez, para poder despojarnos de ellos gracias a una concienciación colectiva. Hay muy poca información al respecto.

Ahora bien, como en todo, podemos encontrarnos dígitos buenos y no tan buenos. Al parecer no suele gustarles que se conozca su existencia y solo algunos de estos guías individuales estarían dispuestos a informarnos de ello.

¿Cómo tiene lugar el contacto con los dígitos?

Como explicábamos más arriba, todo parece indicar que el contacto con estos seres superiores tendía lugar mediante los sueños. Se trata de algo que no es habitual y los mensajes que se transmiten no suelen ser claros del todo. Además, la persona que lo experimenta tiende a pensar que se trata únicamente de un sueño y no suele prestarle más atención de lo necesario, por lo que acaba olvidándolo al poco tiempo. No todos los dígitos quieren que se conozca esta información, sin embargo, en algunos casos sí es posible establecer el contacto. En estos últimos, los dígitos o maestros aparecen en forma de almas puras, como la de un niño pequeño –para transmitir paz y tranquilidad a la persona con la que se comunican, pero nunca mostrando su aspecto original–.

Los dígitos mandan señales y comunicados que no siempre son fáciles de descifrar. Además, todo parece indicar que entre ellos existe una jerarquía y que la comunicación supone una infracción de sus normas internas. Es decir, que no se les permite establecer contacto con nosotros. Por esta razón, cuando las comunicaciones son detectadas por miembros de otro rango superior –dentro de la jerarquía interna– se interrumpen, lo que da lugar a que la persona que está conversando con el maestro se despierte. En ese mismo momento la sensación es de desorientación y, por lo general, se tiende a creer que la experiencia vivida ha sido un sueño o una pesadilla, o sencillamente esta se olvida a los pocos minutos.

¿Los dígitos son los responsables de las posesiones?

Todo parece indicar que no. La posesión se daría cuando el dígito pierde el control del cuerpo debido a la presencia de un supuesto demonio. Es decir, si realizamos una comparación científica, se perdería el dominio del cuerpo, o parte de él, cuando este se infecta por un virus que limita la movilidad y el control de los pensamientos, impidiendo al dígito controlarlo a su antojo y obligándole a deshacerse de él. Los cuerpos serían como máquinas estropeadas que pierden el interés por estos maestros incorpóreos al no poder continuar con su macabro experimento.

El mensaje de un dígito, lo que tienen que decirnos

Un dígito aparecido en sueños mandó una vez el siguiente mensaje: “Nuestro planeta es muy extraño. Esperamos que algún día puedan dejar de presionaros para ser quienes deberíais ser”. Concluye, así, una de las comunicaciones realizadas con estas supuestas entidades. El mensaje es sencillo, pero no deja claro lo que significa. Al menos, parece dar a entender el origen extraterrestre de estos supuestos maestros de nuestro cuerpo, pero no habla de sus intenciones ni del supuesto control sobre el cuerpo, ni tampoco por qué se hospedan en él desde el momento en el que nacemos. ¿Cuál es la razón principal de este supuesto experimento? ¿Los dígitos controlan todos los cuerpos? ¿Está ocurriendo de verdad o simplemente se trata de un mal sueño? Es difícil responder a estas preguntas, puesto que la información al respecto es muy limitada.

Hasta el momento no se tiene mucha más información, pero quizá con el paso del tiempo podamos averiguar más sobre estos supuestos seres, o tal vez no. En cualquier caso, esto nos instiga a hacernos una vez más la pregunta de siempre: ¿Son las personas los únicos seres inteligentes que habitan en el planeta? Tendemos a creer que somos el centro del universo, pero este tiene más de 13.770 millones de años, según las últimas investigaciones científicas, y en cambio el ser humano tiene una antigüedad de 2,5 millones de años, aproximadamente. Muy poco tiempo si se compara con el Big Bang. Tal vez la evolución que nosotros hemos experimentado en ese periodo de tiempo ya la han vivido otros seres muy superiores a nosotros con millones de años de ventaja en cuanto a la existencia se refiere.

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