Querido Halloween

Querido Halloween, ya falta apenas medio mes para tu llegada. Por fin, tras un largo año de espera nos volvemos a encontrar. Ya casi llega… ya casi nos adentramos en la temible noche de las brujas de escoba de mimbre, de los hombres lobo de luna llena, de los zombis vivientes, de los payasos de sonrisa triste, de los fantasmas con cadenas. Ahora, por fin, preparamos tu recepción con arrugadas calabazas que recortamos con forma de pesadilla, con velas espanta-criaturas y con luz de lazarillo para las almas en pena.

 

Una noche que nos une a unos cuantos locos en este mundo de cuerdos. A los que estamos conectados por el misterio. A los que, todavía, nuestra ilusión nos permite creer en algo más que en lo visible. A los que nos gusta la adrenalina, la tensión, los sustos, los escalofríos, los sudores fríos, las películas de terror, lo insólito; a los que nos cuestionamos las cosas, a los de mentalidad abierta; en definitiva, a los que siempre buscamos respuestas, pero también consuelo en un Más Allá. Por fin se acerca la noche de Halloween —y no me refiero exclusivamente al producto comercial americano— sino, también, a la noche en la que se estrecha el vínculo que conecta el mundo de los vivos con el de los muertos, el que une la mentalidad científica con la espiritual para convivir en perfecta armonía, sin conflictos ni imposiciones, durante unas cuantas horas. Una noche que nos da inmediatamente paso al día de Todos los Santos, o día de Muertos, permitiéndonos enviarles un guiño desde este otro lado con regalos en forma de claveles, gerberas, gladiolas, o margaritas.

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Es una noche especial, sin duda, pues en un origen esta celebración irlandesa, conocida como Samhaim, indicaba el final de la estación de verano y el momento para recolectar las cosechas. Es el momento ideal para que nosotros recolectemos las historias y experiencias con lo insólito de nuestros allegados, y viceversa. Para intercambiar relatos de terror, para comer pizza, para emborracharnos a la luz de las velas en compañía de nuestras amistades y para sentir ese cálido instante entre disfraces y caramelos. Pero, cuidado, en esta noche vaga también un alma en pena conocida como Jack el Tacaño. Las ascuas que este ser lleva en su calabaza son una señal de su presencia. Aunque siempre nos ofrece Truco o Trato, pobre de aquel que se niegue a llegar a un pacto.

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